La casa rosa, nuestra casa rosa.

La casa rosa, nuestra casa rosa.

27/10/2016
Recuerdo la casa rosa.
Recuerdo su vacío que parecía infinito el día que llegamos.
Recuerdo tu primera noche ahí. Borracha en un colchón con plástico, sola.
Las memorias regresan y se entremezclan.
Momentos felices, risas, canciones, despedidas, bienvenidas,
largas tardes tristes y noches enteras de sex and the city.
 
Recuerdo nuestra casa rosa.
Su enredadera que albergó una familia de colibríes que poéticamente vimos volar de su nido.
Sus plantas de plástico, nuestras manualidades, los sillones improvisados, las reuniones sin razón.
El cuarto prohibido lleno de ropa hasta el techo, maquillaje y demás objetos inimaginables.
 
Recuerdo la casa rosa.
Despertar ahí, con una resaca del tamaño de la casa pero rodeado por nuestra gente.
Los recuerdo a todos, los que la visitaron solo una vez, los que vivimos ahi,
los que volvían después de mucho tiempo, los que se fueron para ya no volver y a los que fueron y vinieron.
 
Recuerdo nuestra casa rosa.
El olor a detergente barato que a veces olía bien y otras muchas no.
El comienzo de muchas amistades, de algunos amores.
Conversaciones filosóficas de media noche.
Los vecinos, sus perros, sus patos.
Las cachoras.
 
Recuerdo la casa rosa.
Comidas improvisadas, desayunos a domicilio, pizza, tacos, sushi, Quin.
Películas, libros, música, Lambrusco, cervezas, cigarros, electrolit, tortas ahogadas, amigos, siempre amigos.
Nuestros proyectos, ideas, creaciones, juegos, montajes y demás tonterías de las que ese lugar era escenario.
 
Recuerdo nuestra casa rosa
Sus dos canceles antes de llegar a la puerta que hacen de ese lugar, el mejor escondite para zombies.
Las muchas llaves, sus candados desaparecidos, sus sorpresas escondidas en cada rincón, sus fotos,
los adornos que se auto transformaban y mutaban con la casa.
El olor a vela de rol de canela, Charlie saludándome desde la ventana,
tú saludándome desde la ventana,
la ventana siempre abierta.
 
Recuerdo la casa rosa.
Sentirme presente en cada rincón, sentirte a ti y a tu corazón en todo lo que la conformaba.
Sus vasos de kitty y las tazas de cielito querido, sus dos únicos tenedores,
los platos blancos que nunca usábamos
y su pequeño microondas morado arriba del refrigerador miniatura que siempre tenía especímenes vivientes dentro de él.
 
Recuerdo nuestra casa rosa y te recuerdo a ti.
No sé de qué color sea tu siguiente casa.
Solo sé que ahí nos vamos a reencontrar.
 
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