Amarte es como un sueño.

Amarte es como un sueño.

17/11/2016
lunes 6 de enero. 10:30 am.

Mi alarma no sonó.
El brillo del sol entra por el costado de la cortina. Apunta directo a mi cara. Despierto lentamente. Confundido. Cansado. El reloj en mi pared dice 10:30. No creo que sea verdad. Sigo confundido. ¿Son las 10:30 de la noche?. ¿Qué día es?. Me siento en mi cama a ver el infinito. Es lunes. Quiero vomitar. Trabajo. ¿Trabajo?. Correr. Mi contrato de trabajo dice que entro a trabajar a las 10:00 am. Hoy tendré que entrar a las 11:00. Llamo para avisar que llegaré tarde. Me van a acabar echando. No, no pasa tan seguido. Tengo hambre. Hago un esfuerzo para abrir las puertas de mi refrigerador. El tiempo la pegó. Al abrir un olor a moho y humedad me despierta más de lo que esperaba. Cierro la puerta con desesperanza. Me baño. Salgo corriendo al café de la esquina. Larga fila de zombis esperando una taza de vida. Camino lentamente junto a la horda. Espero mi propia dotación. Café americano grande con leche light y dos de esplenda para llevar. Espero. Está caliente. Espero más. Camino hacia la puerta y ahí, ahí te encuentro a ti. Nuestras manos se juntan románticamente casi en cámara lenta. Volteo. Volteas. Nuestras miradas se unen. Las películas parecen tontas al lado de esta escena. Nos reímos. Nos disculpamos. ¿Cómo me llamo?. Diego. Soy Diego. Creo. ¿Tú?. Bonito nombre. Estoy nervioso. Me pones nervioso. No sé que más decir. Me gustas. No, eso no lo dije. Lo pensé. ¿Vienes mucho por aquí?. Trabajo cerca. Cada vez estoy más nervioso. Una mujer histérica nos grita. Empuja la puerta que seguíamos sosteniendo con nuestras manos. ¿Cuánto tiempo habrá pasado?. Voy tarde al trabajo. ¿Trabajo?. Mi silencio es incómodo. Tú sabes que decir. Me pides que me siente contigo. Hablamos. Mi teléfono suena. No, no podré ir. No me importa si me echan. No voy a llegar. Seguimos charlando. Me gustas. ¿Ya lo dije?. Pero lo sigo pensando. Todo lo dices tú. Yo solo escucho. Esto es raro en mí pero me tienes atontado. La plática se alarga. La vida se acorta. Tus ojos no son una ventana. ¿No se supone que los ojos son la ventana del alma?. No sé qué es lo que piensas. Quiero saber qué es lo que piensas. A dónde llegaremos con esto. Eso tampoco lo dije. Mi café se enfrió. El tuyo se acabó. ¿Caminar por la calle?. Iría a la luna por ti si me lo pidieras. Hace frío. Lo olvido rápido. Caminamos sin destino. Platicamos sin sentido. Nunca me había sentido tan destinado a algo. Nunca había encontrado tanto sentido en algo. La banca de un parque. ¿Es esto una larga escena de una película de domingo?. Yo también las prefiero en lunes. Nuestras manos se reencuentran. Parece que ninguno de los dos hizo ningún esfuerzo. Ellas sabía a dónde ir. Te acercas a mí. Mi corazón late como una bomba a punto de estallar. Mis ojos son tan brillantes que debo de encandilar a quien los mire. Mi cara es roja. Tú pareces tranquilo. Nos besamos. Me río al acercarme a tus labios. Dices que te parece lindo. A mí me parece tonto. Lo tonto puede ser lindo sí. Ya no hace frío. Para nosotros no. ¿Tú apartamento no está lejos?. Mis ganas tampoco. Caminamos. Corremos. Jugamos. Nos besamos. Diez pisos de besos en elevador.  Las llaves. Torpeza. Abres la puerta. Tu cama parece estar ahí. No recuerdo cuántos pasos hay de la puerta hasta tus sábanas. Besos hay veintiséis. Te siento cerca. Nuestra piel está en contacto directo. Cada vez tengo menos miedo. Olvido los nervios. Mi corazón sigue latiendo como una locomotora. Yo también lo siento. Me avientas sobre la cama. Me besas. Nos desnudamos rápidamente. Sin procesos. Nos vemos frente a frente. Quiero. Quieres. Un sonido lejano me desconcentra. Pierdo el hilo. ¿Qué hilo?. Tengo sueño.
 
lunes 6 de enero. 8:30 am.

Mi alarma sí sonó.
El sol brilla. Detrás de las nubes. No puedo evitar pensar que soñar es una mierda. Trabajo. ¿Trabajo?. La realidad también lo es. Me siento en mi cama a apreciar el vacío. El infinito es imperceptible. Repito todo en mi cabeza. Dejo que la mañana haga lo suyo. Dejo que la vida haga lo suyo. Me baño. Me arreglo. Todo es lento. El refrigerador no es opción. ¿Desayunar?. El café de la esquina. Quiero volver a dormir. Todo es confuso. Salgo sin ánimos hacia el café. Zombis con necesidad del elixir de vida. Yo soy el que más lo necesita. Abro la puerta del café. Ahí estás tú. ¿Realmente eres tú?. Nuestras miradas se cruzan. Sales. Entro. Caminas rápidamente. Volteo. No estás.
Café americano grande con leche light y dos de esplenda para llevar.
 
 
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