Caso clínico: 35123456

Caso clínico: 35123456

25/01/2017
Caso clínico: 35123456
Número Personal: 6389562177.
Nombre: Sebastián H. B.
Edad: 16 años.
Género: Masculino.
Sector: 3L.MIN.
Diagnóstico: Depresión psicótica severa.
Tratamiento: Microchip 66-OLAF.
Análisis clínicos.
(EN PROCESO)
Perfil Psicológico.
(FALTANTE)
Observaciones del investigador.
(FALTANTE)
Observaciones de familiares/amigos del paciente.
(FALTANTE)
Diario del paciente.
 

Jueves 9 de enero 2020.
 
 
Después de tres horas en el hospital, estoy de regreso en casa. Todo fue más rápido de lo que esperaba. La intervención duró alrededor de cinco minutos y el resto del tiempo lo usé para rehidratarme y descansar. Me siento igual. No creo que este tratamiento ayude. No creo que escribir un diario ayude. No creo que nada ayude. Quiero dormir. Mi cama parece gritarme te necesito y yo la echo en falta a ella. Es momento de rendirme ante la fatiga, dejar de pelear por estar mejor, por hacer algo y solo dormir. Quisiera dormir por siempre.
 
La depresión parece un cliché de película que todavía, hasta este momento, continúa sin ser relevante ni comprensible para la mayoría del mundo. Si la gente supiera que es la enfermedad psiquiátrica más común y que millones de personas en el mundo la padecen, tal vez alguien haría algo, tal vez a alguien le importaría algo. Pero parece irrelevante. Mi padre continúa diciéndome que sonría, que la vida es bella. Mis compañeros me mandan mensajes 4DX con frases motivacionales porque claro, eso me hará generar la dopamina que mi cuerpo necesita para ser normal.
Normal es una palabra complicada, difícil de clasificar y que los Touch cada día usamos menos porque pues, qué mejor que luchar contra la norma.
 
Dejo aquí el relato de mi primer día de tratamiento para ceder al sueño que me hará sentir mejor. Nada parece cambiar.
 
 
Martes 14 de Enero 2020.
 
 
Cuando leí el manual del paciente para el tratamiento al que estaba por someterme, me aburrí en la sexta página del PDF. Creo que tal vez debería intentar terminarlo para comprender por qué esto no ayuda en nada. He intentado localizar a mi doctor pero no contesta el teléfono. Últimamente, nadie contesta el teléfono. Escribí una reseña en su página web que espero tenga mejor respuesta que mis llamadas.
Sigo cansado, quiero dormir todo el tiempo y no quiero salir de mi habitación. Tal vez es por el tratamiento, por lo pronto mi padre no me ha obligado a hacer cosas con él como normalmente haría cuando no sabe cómo reaccionar. Parece que tengo permitido dormir hasta que mi cuerpo decida parar.
 
 
Viernes 17 de enero 2020.
 
 
Continué con la lectura del manual para el paciente. Todavía no llego a entender por qué me siento igual. Mi mejor amigo León pasó a saludarme hoy. Hace algunos meses que no lo veía. No sé exactamente cuántos. Está igual de fuerte que cuando nos conocimos y se ríe de mi humor negro como si no hubiera pasado ni un solo día desde la última vez. No recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó. No me importa. Me alegra por un momento reencontrarme con él y me prometió pasarse más seguido por mi casa.
El sueño llegó un poco más tarde pero sigo sintiendo ganas de dormir por siempre. Parece una exageración, pero es que mi cuerpo se apaga por sí solo y no puedo pensar con claridad. Siento el peso del universo sobre mis párpados que se cierran sin mucho pelear en contra de esa gravedad que me somete en todo momento. Estoy comiendo mejor. Supongo.
 
 
Miércoles 22 de enero 2020.
 
 
Mi padre me regaló un perrito salchicha. Había rogado por un cachorro por los últimos cuatro años, tal vez tenía que intentar suicidarme para convencerlo de que me lo dieran. No, no me quise suicidar por un cachorrito.
 
Un día toda la luz que me rodeaba se apagó, no estaba aquí pero no estaba en ningún lado y entonces mi mente pareció decidir por sí sola y mi cuerpo solo la siguió.
 
Mi perro se llama Fideo. Aunque todavía quiero dormir, Fideo me despierta a lengüetazos para que juegue con él o le dé comida.
 
León volvió el lunes y jugamos videojuegos toda la tarde. No puedo usar las consolas que más me gustan porque, según mi papá, la mayoría son muy violentas. La realidad virtual está, por ahora, prohibida en este hogar. Usamos un viejo juego de Xbox que era de mi hermano mayor.
 
El sueño me desplomó sin aviso alguno. Ni siquiera Fideo pudo despertarme y mi padre lo tuvo que alimentar.
 
 
Lunes 27 de enero 2020.
 
 
Intenté continuar con el manual para el paciente pero no puedo pasar de la página veinte. Entiendo que el 66-Olaf  instalado en mi cerebro libera los químicos que necesito para dejar de sentirme triste. Lo que no logro comprender es por qué nada parece cambiar.
 
Mi padre me regañó por preocuparme de más. Me pidió que dejara de leer el manual, que de nada ayuda que sobre analice las cosas y que mi vida no va a cambiar así, de un día para otro. Nos gritamos durante quince minutos. Sus idiotez simplista y su corta visión sobre mi enfermedad me alteran más de lo que debería.
 
León volvió dos veces en la semana y el viernes llegó acompañado de Amelia. Hace más de dos años que no me encontraba con ella. El reencuentro fue igual que el de León, nos vimos y supimos que el tiempo nunca pasó. Mi estómago sigue sintiendo cosas al verla. Conversamos toda la tarde y el sueño tardó en llegar. Olvidé un poco el enojo con mi padre y mi día mejoró notablemente.
 
 
Domingo 2 de febrero 2020.
 
 
No pude escribir durante la semana. intenté encontrar las fuerzas para hacerlo pero nunca llegaron. Mi hermano Jacobo volvió del hospital esta semana. No sé por qué no recordaba su ausencia y, solo hasta que volvió, me percaté de que no estaba. En mi cabeza lo visualizaba más delgado y un poco más acabado. Resulta que el hospital le hizo muy bien y está curado de su enfermedad. No logro recordar que es exactamente lo que tenía. Pero ahora no importa, ahora está mejor.
 
Mis días familiares empezaron a mejorar. Peleo menos con papá y siguen sin molestarme cuando duermo por las tardes. León viene casi todos los días y Amelia se pasa uno sí y otro no. A veces se quedan a dormir o me acompañan mientras yo lo hago.
 
Jaco y yo comenzamos a entrenar a Fideo. Hasta ahora no hemos logrado mucho, aunque esperamos que pronto logre sentarse a nuestra orden. Nuestros horarios están mejor sincronizados y solo me despierta cuando mi cuerpo tuvo suficiente sueño.
 
 
Martes 4 de febrero 2020.
 
 
Hoy desperté a la mitad de la noche y no encontré a nadie en su habitación. Mi cuarto se sentía vacío y sin luz. No lograba ver nada con claridad en intenté salir de ahí a ciegas. Al abrir la puerta, la perilla se sentía diferente. Abrí con desesperación la habitación de papá y todo era obscuridad. Corrí hacia el cuarto de Jaco y tampoco lo encontré. Bajé las escaleras en busca de Fideo, que algunas veces baja a buscar comida y grité desesperadamente. Nadie contestó mis lamentos y me dormí ahí, donde yo supuse que era la cocina.
En la mañana los lengüetazos de Fideo me despertaron. Estaba de regreso en mi cama, todo era normal, todo se sentía normal. Al contarle a mi padre sobre lo que pasó, me repitió que dejara de preocuparme por las cosas. León dice que seguro fue solo un mal sueño. A Amelia no le quise contar porque quiero que sepa que ahora estoy mejor.
 
Tengo miedo de dormir y reaparecer en la nada. Pero el sueño es demasiado. Necesito descansar.
 

Sábado 8 de febrero 2020.
 
 
El maldito manual para el paciente se siente interminable. La página quince es incomprensible y empiezo a creer que los términos que usan, son para desorientar más al enfermo. Inyección en ráfaga de litio c22 una vez a la semana con aumento mensual de dosis. Dosis diaria de dopamina y serotonina. Conozco algunos de los neurotransmisores y poco sé de sus funciones. Decidí dejar de leer hasta que encuentre de nuevo las ganas que perdí entre el hipotálamo y el lóbulo occipital.
 
Mi padre entró a mi habitación para charlar conmigo. Así lo dijo él y le pareció normal sentarse en mi cama y repetir la eterna chorrada de la felicidad y el optimismo. ¿Se habrá olvidado por completo de mi operación? ¿O finge que no estoy enfermo solo para poder seguir con su vida sin culpa?. Fingí que lo escuchaba con atención cuando realmente solo pensaba en Fideo, Amelia y León.
 
León no pudo venir hoy pero Amelia llegó a cubrirlo. A veces siento que hacen guardias para velar por mí y que ninguno de los dos quieren estar aquí en realidad. Tal vez estoy arruinando sus vidas y llenándolas con culpa por haberme dejado atrás mientras todos siguieron avanzando.
 
 
Domingo 9 de febrero 2020.
 
 
Amelia me besó ayer. No recuerdo cuándo fue la última vez que sentí algo así. Tal vez fue el día que la conocí o en algunas noches cuando pienso en ella.
 
Desperté de nuevo a mitad de la noche. Fideo estaba a mi lado pero no era realmente él. Podía sentir su ausencia en su mirada e ignoraba mi voz. Todo en mi habitación era obscuridad, los muebles desaparecieron ante mí y corrí a buscar a Jaco. Al llegar a su cuarto me encandilé con un extraño recuerdo. Vi a Jaco en el hospital. Su piel era de color amarillo opaco y su cara poco se asemejaba a la que en mi mente vivía. Su sonrisa estaba desaparecida y papá, borroso y más lejano, lloraba abrazado a una mujer que bien podría ser cualquier persona.
 
Fideo me despertó a lengüetazos. Jaco estaba a mi lado y el color una vez más estaba ahí. Al salir del cuarto de Jaco, Amelia y León me esperaban para jugar. Pasamos todo el día jugando juegos de mesa en la cocina mientras mi padre nos preparaba nuestros platillos favoritos.  Fue hasta ahora, el mejor día que he tenido desde la operación.
 
 
Lunes 17 de febrero 2020.
 
 
Ayer me volví a despertar en la madrugada. Esta vez me encontré a mí mismo en una cama de hospital, rodeado de personas que dormían. Gente de todas las edades recostados en camas iguales a la mía en las que descansaban con cara de conformidad. Primero tuve miedo y después a mí lado vi a mamá. No recordaba su cara pero sabía que era ella. Su presencia me dejó tranquilo y volví a dormir.

Al despertar mi padre estaba con el desayuno listo para tener una conversación conmigo. Estás leyendo mucho sobre tu psicopatía me dijo. Como si quisiera que su comentario pasara desapercibido pero con suficiente fuerza para que quedara en mi cabeza.
 
Después de desayunar volví a llamar al doctor. Lleva todo el mes sin contestar a mis llamadas y comienzo a creer que mi padre conspira junto con él para evitar mi sobre análisis.
 
 
Jueves 20 de febrero 2020
 
 
León ahora vive en mi casa, me acompaña todo el día y toda la noche y, junto a Fideo, hacen que mis días no tengan tanto cansancio. Dejé de dormir tres siestas al día y ahora solo hago dos. Tal vez el 66-Olaf esté funcionando o simplemente mi vida ha ido mejorando sin más explicación. Jaco pasa mucho tiempo jugando con nosotros aunque no recuerdo qué hace cuando no está aquí. Amelia pasa todas las tardes y algunas noches también en la casa. Todos unidos jugamos sin parar, reímos y contamos chistes, cada vez tengo menos ganas de escribir, cada vez tengo más ganas de vivir.
 
 
Sábado 29 de febrero 2020.
 
 
Ayer decidí salir a pasear con Fideo. Mi padre me castigó desde que mencioné mis intenciones de salir de la casa. Siento que llevo mucho sin salir de aquí. No logro recordar la última vez que vi el cielo, la última vez que escuché un pájaro cantar, no puedo concentrarme en qué hay justo afuera de la puerta de mi casa, no sé cómo es el mundo hacia allá. Cuando iba a abrir la puerta, papá me gritó como un loco que no podía salir. Decidí ignorarlo y la abrí sin voltear atrás, justo en ese momento vi lo mismo que veía cuando a veces en las noches me despertaba. Todo afuera era gris. Un vacío inmenso. Papá jaloneaba la puerta en contra mía hasta que de un jalón la madera dio contra mi cabeza y caí al suelo. Desperté en el cuarto de Jaco, él dormía a mi lado y me invitó a seguir durmiendo. Le hice caso. Desperté en la madrugada con la necesidad de escribir mi día. No encontré mi computadora por ningún lado así que esperé hasta hoy para poder escribir esto.
 
 
Martes 10 de marzo 2020.
 
 
Soñé que Jaco moría. Soñé que mi mamá moría. Soñé que yo quería morir.
Es muy confuso recordar todo lo que pasó en los últimos días, mi computadora volvió a desaparecer y no pude escribir en mucho tiempo. No sé exactamente qué día, mientras tomaba la siesta, soñé que Jaco estaba enfermo. Mi sueño continuaba justo antes de que hubiera regresado a la casa, antes de que yo tuviera el chip en mi cerebro. Jaco parecía tener algún tipo de cáncer terminal que acababa por matarlo. Mi madre en su desesperación se suicidaba y yo seguía sus pasos. Papá me despertó de ese terrible sueño. Nos abrazamos mientras lloramos y entró Jaco a la habitación. Después entraron Amelia y León. Fideo llegó al final a morderme los pies para llamar mi atención.
 
 
Jueves 12 de marzo 2020.
 
 
Amelia ahora vive con nosotros. Todos estamos juntos en mi casa. No estoy seguro de dónde duerman los demás, pero estoy contento de tenerlos a mi lado. Ya no siento necesidad de dormir tanto y las ganas de salir se acabaron por completo. No estoy seguro si eso es bueno o es algo malo. Creo que mi padre está preocupado de que me vaya y nunca vuelva. Para no molestarlo más, decidí que no volveré a ausentarme.
 
 
Martes 31 de marzo 2020.
 
 
Ayer me morí o por lo menos así lo sentí. A mitad de la noche, después de que Jaco muriera encontré el cuerpo de mamá en su habitación y decidí que era momento.
 
Tomé las pastillas sobrantes y me atraganté a puñados.
 
Fideo no estaba por ningún lado.
 
Papá no escuchaba mis gritos.
 
Yo no escuchaba los gritos de papá.
 
Desperté en una habitación gris, rodeado de desconocidos. A mi lado no estaba mi madre como pensaba, no había nadie a quien pudiera reconocer. Toda la tristeza que he podido sentir, me ahorcó en ese momento. Una voz contó hasta seis y me dormí de nuevo. Desperté en la cocina. En la pequeña cama que Fideo usa para descansar mientras comemos. No estoy muy seguro qué pasa. Papá habla poco y Jaco no sale de su habitación. León y Amelia conversan entre ellos y me siento cada vez más solo.
 
 
 
No sé qué día es hoy.
 
 
El calendario se paró el 31 de marzo y no avanzan los relojes. Mi computadora estaba desaparecida hasta hace dos días. Tal vez tres. Las televisiones de la casa no funcionan y la conexión a internet desapareció. El teléfono no tiene señal y no hay nada que hacer. Papá se fue hace unos días y no ha vuelto. Jaco está muerto. O no sale de su habitación. León y Amelia se besan descaradamente frente a mí.
Fideo sigue a mi lado.
 
 
Sigo sin saber en qué día vivo.
 
 
La electricidad de la casa no funciona, todo es análogo por el momento. Desaparecieron todos, murieron todos. Morí yo. No entiendo nada. No sé por qué sigo escribiendo este diario. EL chip nunca funcionó. Si de algo sirve contar mis penas.
Fideo no aparece por ningún lado. Él es al único al que extraño.
 
¿Dónde está Jaco?
 
¿Dónde está mamá?
 
Quiero abrazar a Fideo.
 
 
Hoy volví a despertar en esa gran habitación rodeado de enfermos. A mi lado estaba papá. Tal vez por eso no lo había visto antes, él también está dormido. Un doctor se acerca a mí y me inyecta en la cabeza. Creo que duele. No sé si duele. Me duermo otra vez.
 
 
Otra vez duermo mucho, a veces despierto en mi casa vacía, otras veces en un hospital, algunas pocas en la obscuridad.
 
 
Cada vez que despierto le grito a Fideo.
 
 
Quiero un abrazo de Fideo.
 
 
Hoy quiero contar que me he sentido mejor. Me he acostumbrado a estar solo. A veces escucho a Fideo jugar con Jaco en su cuarto, pero no puedo entrar a su habitación. A veces escucho gritos o llantos que prefiero ignorar.
 
 
Ayer Fideo volvió. Jaco lo llevaba de una correa y me abrazaron los dos, creo que estoy mejor aunque ***Pérdida de conexión con el paciente***
 
 
Observaciones generales.
Paciente presenta cuadro de depresión severa.
Tratamiento autorizado por Julián H.A. padre del paciente.
Familiar cercano: Julián H.A. 6389562176
Pago privado.
Especificaciones:
Padre bajo mismo tratamiento.
Hermano del paciente fallecido de cáncer en espina dorsal.
Madre del paciente fallecida por suicidio.
El paciente tuvo un intento de suicidio después de encontrar el cuerpo de la madre.
Padre interna al paciente en tratamiento experimental 66-OLAF.
En caso de falla. Dar de baja al paciente.
square-error.jpg Campos requeridos El formulario no ha sido enviado, favor de verificar los siguientes campos:
← completar formulario