Peticiones

Peticiones

5/04/2017
Alcancé a escuchar cuando me dijo tírate al suelo.
 
Tal vez no lo dijo así, con palabras, pero lo dijo.
 
Quería que me aventara a sus pies.
 
Que rodara sobre su ego y le regalara el poco que me quedaba.
 
Así que me lancé hacia ahí.
 
Me tiré al piso y me revolqué.
 
Llámame me dijo.
                            
O tal vez fue mi interpretación.
 
Por si las dudas llamé.
 
Llamé una y otra vez y solo contestó algunas veces.
 
Cada vez que escuchaba su voz tenía otra petición hacia mí.
 
Embárrate tu mierda.
 
Embárrate mi mierda.
 
Y yo escuchaba con atención y seguía sus órdenes.
 
¿Qué más podía hacer?
 
Ruega, me dijo alguna otra vez.
 
Esa sí la escuché con claridad.
 
Y a mí no me hicieron falta más palabras y me hinqué y rogué.
 
Lloré, pedí, imploré.
 
Escuché alguna vez que le dijo a alguien más que me quería de regreso.
 
Esto quizás alguien me lo dijo a mi.
 
O fui yo el que lo escuchó de su boca.
 
Qué importa, en ese mismo instante corrí, salté, me emocioné.
 
Al llegar me dijo, vete.
 
Y yo me escondí en un rincón a esperar a que me llamara de regreso.
 
Dejé de comer, de sentir, de llorar, de querer hasta que su voz me regresó a donde me quería.
 
¡Bésame! me gritó.
 
Así, como una orden.
 
Me acerqué con detenimiento, con pasión y me escupió en la cara.
 
Me limpié con poca destreza y volví a intentarlo.
 
Cuando mi cara estaba cerca de sus labios, volvió a escupirme.
 
Regresé de un salto a mi esquina y esperé.
 
Esperé desolado pero siempre con la esperanza de que me volviera a llamar.
 
No pasó mucho tiempo para que me pidiera perdón.
 
O yo le pidiera perdón.
 
Interpretaciones.
 
Y regresé.
 
Regresé con mi cara de arrepentido y con mis mejores intenciones.
 
Un masaje me pidió.
 
Y entonces froté su ego, acaricié su soberbia, besé su arrogancia.
 
Golpéate me susurró.
 
Y seguí su orden.
 
Arremetí contra mí y golpeé mi necesidad.
 
Al verme desorientado me pidió que retornara a mi esquina.
 
Y una vez más fui hasta ahí y permanecí en silencio.
 
Di señales de vida cada cierto tiempo para que no se olvidara de mí.
 
Esperé el momento en que dijera mi nombre, gritara por mí, pidiera mi atención.
 
Y siempre llegaba, siempre terminaba por decirme de alguna u otra manera que me quería ahí.
 
Yo sabía que me quería ahí y por eso ahí permanecía.
 
Atendía con precaución cada una de sus peticiones.
 
Límpiame.
 
Recógeme.
 
Bésame.
 
No me beses.
 
Escúchame.
 
Desaparece.
 
Quiéreme.
 
Esa era la que más solicitaba.
 
Y querer.
 
Eso era lo que mejor sabía hacer.
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