El canto de un cucú

El canto de un cucú

1/06/2017
I
En el lejano bosque ya canta el cucú
Y oculto en el follaje el búho contestó
Cucú le llamó cucú, cucú le llamó, cucú le llamó cucú.
Cucú le llamó cucú, cucú le llamó, cucú le llamó cucú.
 
II.
Una carretera con curvas interminables.
Mi padre al volante y mi madre de copiloto.
Mis hermanos repartidos en los asientos traseros
Yo en el centro cantando.
 
III.
Al terminar la primera estrofa
una segunda voz vuelve a comenzar la canción.
El primero continúa como iba
y se van agregando voces conforme la melodía avanza.
 
IV.
El niño que escuchaba con atención siempre fui yo.
Un bosque que se me antojaba mágico.
Y una lejanía impensable e incalculable.
Un cucú de madera y un búho en el que nunca reparé.
 
V.
Camino a Santiago de Compostela escuché por primera vez un cucú.
El bosque era lejano y yo fui el búho que contesté.
Cucú le llamé, cucú le llamé, cucú le llamé cucú.
Y el respondió como debía contestar siempre un cucú.
 
VI.
En Navarra nació mi abuelo y ahí escuché ese canto por primera vez.
El bosque no parecía tan lejano y el canto me era familiar.
El camino pasa por el pueblo donde creció el padre de mi padre.
Y en ese pueblo también canta un cucú.
 
VII.
Durante el camino, el cuerpo muchas veces cree que no da más.
Cuando el canto de aquella ave rompía el silencio del peregrinar,
La voz de mi padre resonaba fuerte en mi recuerdo
y la de mi abuelo en mi imaginación.
 
VIII.
Cucú cantaban con fuerzas y cucú respondía yo.
Mi alma se alimentaba con la melodía.
Y mi andar se apresuraba con aquella canción.
El ave y mi padre eran uno que aclamaban valentía. 
 
 
IX.
En mi casa había un reloj cucú que cantaba la hora.
El reloj se fue junto con él.
pero su armonía permaneció dentro de mí.
Cucú llamaba a la hora, cucú llamaba una hora después.
 
X.
Cuando el pájaro cantaba en el camino
Yo lloraba al escucharlo.
La melancolía me daba impulso
Y el llanto me otorgaba solidez.
 
XI.
A las doce de la noche
El reloj anunciaba el fin de un día más.
Y mi cuerpo se estremecía de temor.
Con los años aprecié el sonido que desapareció sin avisar.
 
XII.
El bosque nunca más fue lejano.
El cucú nunca más me dio temor.
Los árboles se transformaron en paisajes.
Y el cantar en fuerza al andar.
 
Cucú le llamó cucú, cucú le llamó, cucú le llamó cucú.
Cucú le llamó cucú, cucú le llamó, cucú le llamó cucú.
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