A quien le llegue

A quien le llegue

7/07/2017
A quien le llegue.
 
            No sé por dónde comenzar esto, en realidad, porque no sé si esto alguna vez empezó o le voy a dar inicio yo con estas palabras.
 
Te quiero.
 
Así, con sus ocho pequeñas letras redondeadas en las esquinas escritas a mano en algún papel, a máquina o computadora.
 
Como sea, te quiero.
 
Y mi amor te ha perseguido a todas partes. A tus noches vacías de soledad y a tus cotidianas alegrías. Sonríe cuando tus dientes se muestran con alegría y llora cuando tus ojos se entristecen.
 
Y tu amor ha rastreado al mío desde su guarida altiva y recóndita. Lo ha acechado en la obscuridad de tu intimidad y lo ha paladeado en el fondo de un vaso de vodka.
 
Aquel día en el que dijiste que también me querías.
 
Mi tonto corazón saltó sin ton ni son en un rapidísimo palpitar incontrolable. Salió de mi pecho y dio vueltas en diminutos círculos alrededor tuyo esperando a que lo sostuvieras.
 
Pero tú decidiste prescindir de aquel órgano que bombeaba solo para ti y lo dejaste morir fuera de mi cuerpo. Lo observaste con desdén y lejanía mientras moría con paciencia frente a tu desdén.
 
Aquel día en el que me repetiste que me querías.
 
Mi corazón, que poco latía ya en aquel momento, volvió a revitalizarse con tus palabras. Resurgió de su sombra obscura y humedecida y vibró una vez más.
 
Aquellos días en los que me dejaste morir por ti para después revivirme por el placer de ser un nigromante. 
 
Mi órgano vital, del que para ese entonces había aprendido a prescindir de, expiró y se reanimó una y otra vez para tu deleite. En mi pecho quedaba un hueco deshecho de tanto salto al vacío, que mientras más pasaba el tiempo, más vacante se sentía.
 
Y entonces me sentencié a escribirte esta carta, a ti o a la persona que la lea. Para declarar que el núcleo, que alguna vez te perteneció, volverá a ser solo mío.
 
Que te quiero, sí.
 
Pero que me quiero más a mí.
 
También quisiera manifestar que lo último que escribí es en realidad una falacia. Que es mentira que me quiera más a mí que a ti.
 
Que mi tonto corazón está listo para volver a brincar sin necesidad de mucho incentivo.
 
Que en el momento en el que me lo pidas yo también me lanzaré hacia lo deshabitado sin debatir.
 
Y que lo único de verdad que puedas encontrar en estas letras.
 
Es que te quiero.
 
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