Mi lista definitiva para [no] encontrar el amor.

Mi lista definitiva para [no] encontrar el amor.

20/10/2017
Caminar borracho por la octava avenida un sábado cerca del amanecer y besar desconocidos.

Invitarle un caballito de tequila a la persona que baila sola del otro lado de la barra.

Pasar horas frente a una pantalla mirando cajitas de cuerpos sin cara e invitar a todo el que esté dispuesto a amanecer conmigo.

Afirmar con ingenuidad expectante que me voy a enamorar sin la cautela de buscar reciprocidad.

Decirle al taxista con el que intercambio miradas desde el retrovisor, dónde está el motel más cercano.

Aceptar la propuesta de un marroquí en el centro de Madrid de tener sexo por treinta euros.

Dejarme llevar por mi cuerpo con la bailarina de ballet que perrea conmigo en un bar gay.

Entrar a una pizzería en la madrugada y preguntarle al cocinero en cuánto tiempo termina su turno.

Decirle a mi compañero de clase que me gusta su poesía aunque no le entienda un carajo.

Preguntarle a esa desconocida que sonríe cuando hablo, si quiere ser mi amiga.

Asentir con la cabeza cuando un colombiano me invita a tomar el siguiente ferry con destino a cualquier isla.

No cuestionarle su intención a la chica que me dice que le gusta mi voz cuando leo.

Decir abiertamente, en la primer semana de clases, que no estoy interesado en el amor.

Hacer un pequeño brinquito involuntario cuando su mano toca mi entrepierna.

Llevar a ese actor de teatro experimental a mi casa después de su primera función.

Consolar al amigo lejano cuyo novio le rompió el corazón y rozar su brazo mientras conversamos.

Mandarle un mensaje después de cuatro años de no saber de él y decirle que justo ese día, una foto me lo recordó.

Quitar el filtro de edad de esa aplicación de citas y contestar el saludo a toda persona que me escriba.

Decirle, después de una larga jornada de sexo, que no me gustan los abrazos.

Confirmar desde antes de saber su nombre que la fidelidad es un concepto cultural del que no quiero formar parte solo por tradición.

Abrir la puerta de mi departamento y decirle que al final no quiero que pase hasta mi cama.

Afirmarle que no me importa que su novia sea mi mejor amiga.

Guiñarle un ojo y sostenerle la mirada en camino al baño del bar.

Regalarle de cumpleaños algo que deseó siempre aunque sólo llevemos una semana de conocernos.

Confirmar que no hay condones cuando la luz ya está demasiado apagada para detenernos.

Preguntarle su canción de reggaetón favorita y que lo suyo sea más bien el house.

Mencionarle a mi mamá que la relación se está poniendo seria.

Declararle que la poesía no es lo mío a ese poeta latinoamericano que acaba de publicar su primer libro.

No lograr reprimir la risa cuando me cuenta su sueño de ser actor de telenovela.

Acceder con la suficiente premura a esa cita improvisada con la chica que bebe agua en botellas de vidrio.

Eructar en su cara cuando se acerca a darme un beso.

Reiterarle que no me importan sus infidelidades aunque no soy tan liberal como quiero serlo.

Mandarle una solicitud de amistad y después cancelarla.

Susurrar un te amo apresurado por el frenesí de su cuerpo contra el mío.

Confesarle que me beso con mi mejor amiga cuando sentimos que el momento lo amerita.

Acercarme torpemente hasta su escritorio para decirle que su acento me vuelve loco.

Pedirle que me demuestre con un beso que su homofobia no es obstáculo en nuestra amistad.

Actuar como un niño para llamar su atención.

Llamarle cada vez que estoy borracho y repetirle siempre lo mismo.

Hacer una lista sin ambiciones y dejar que mis historias se repitan siempre a sí mismas.
 
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